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La papa y la berenjena crecen por la noche

Estaba el otro día reposando tranquilamente en la playa, alejado de paparazzis y prepizzas, dejando que mi mente vuele cual gaviota en celo por sobre el azulado mar azul, como este amor, derritiendo la libertad y, por qué no, la realidad entregándome a embriagadoras reflexiones sobre el ser y la nada, sobre estas latitudes (algún día les hablaré de ellas, si no lo he hecho aun), cuando de golpe, con la subida de la marea, llegó a mis pies una papa. Si, efectivamente, una papa Ratzinger, que estuvo a la deriva por el mediterráneo, vino flotando hasta mi. Estando en un país donde la papa era mal vista, sin anteojos, sin cuidados, dónde estuvo prohibido hasta su cultivo, y que luego, por un tipo que estuvo preso en Prusia, convirtiose en un alimento casi venerado, su arribo me hizo dar un vuelco en mis creencias. 

Me puse a averiguar un poco sobre los camellos y los hipopótamos, y cuando me aburrí, volví a pensar en la papa. ¿qué tendrá la papa? ¿Qué tendrá el Papa (de San Lorenzo… triste, Jesús seguro era de Boca)? ¿Qué papá tendrá la papa?

En medio de mi intensa investigación, decidí salir de noche a pasear un poco, caminar, relajar mi mente de su arduo trabajo. Era una noche linda, muy agradable, con una gran luna redonda que con su sonrisa iluminaba mis caminos, sin más viento que la leve brisa marina, las parejas caminaban bajo los faroles de la costanera tomados de la mano, los vagabundos por la playa tomados, jóvenes casi rebeldes reunidos en grupos sobre escaleras poco iluminadas, turistas con sus mapas desplegados dando vueltas sobre si mismos, y yo. En ese clima, vi entre los cercos medio abandonados de una casa, una pequeña cara que me observaba. Le resté importancia y seguí caminando. Al pasar por una alcantarilla, unos pequeños ojos sobre una cara medio redonda, se clavaron en mi, y mientras, pasó rodando por enfrente una alargada berenjena con sus ojos sonriendo de maldad. Empecé a aligerar el paso, mirando nerviosos a mi alrededor, observando preocupado esas caras redondas que se asomaban por todos lados, cuando de golpe me encontré encerrado en la playa, con la marea que me amenazaba por un lado con su incesante avance, y con las papas y las berenjenas acechando por el otro. Desesperado, miré para arriba, y ahí estaba, guiñándome el ojo con su mirada maligna; comprendí todo.

 

La guarida de la Papa

La guarida de la Papa

Los franceses tenían razón. Parmentier era un agente del mal, la papa tiene la grandeza del mal, el hermoso sabor de lo prohibido, de lo indebido.

La papa y la berenjena crecen por la noche, influenciadas por la energía de la luna, la luna asesina.