All Articles

La verdad del rabanito

Dicen por ahí que Los Rayos

Bueno, es todo mentira (o, tal vez, casi todo; casi). Sólo hay algo de verdad en lo que dijo Pedro -elPe- hoy a la tarde mientras el sol se avejentaba entre la vidriada edificación de Belgrano C(CCP): “¿Qué pasa con Los Rayos?”

Eso es real: ¿Qué pasa con, etc.?

Resulta verdaderamente dificultoso de responder; tanto es así que la búsqueda de una respuesta llevó a mi exprimido cerebro (exprimir en portugués significa expresar; mi expresado, entonces, cerebro) a sondear, de manera inopinada, las catastróficas superficialidades de mis tiernos recuerdos: cuando la tía-abuela Lilia me incitaba, sosteniendo un rabanito por encima de la cabeza de su estupidizado sobrino-nieto (yo, Emilio) con mandíbula desencastrada, a descartar tentativas en orden de dar con la Verdad (del rabanito).

“¡Milanesa, milanesa!”, repetía yo (Milio), que aún no era vegetariano y ni asomo de la milangesa de soja tenía -teníamos- en esa época, los vertiginosos noventa(s). Nada: la raíz morada brillaba insolente frente a mis pupilas entre los dedos crujientes de Lilia, que me ignoraba a propósito y daba la espalda; y esperaba a la próxima semana -un domingo, seguro, como hoy pero sin comicios- a que finalmente diera con el carozo, el corazón, la médula, la matriz funcional del rabanito.

Nunca lo hice. Como Los Rayos.

E’ verdat!