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Nota rayo

Y nos dicen: “¿Por qué no hacen una nota sobre eso?“. Pero, claro, no es tan fácil. Existen ciertos requisitos sabrosos que un tema debe cubrir para aspirar a convertirse, promisoriamente, en una Nota-Rayo.

a) Tiene que ser un tema rayo.

b) No puede ser de actualidad. Y, en el caso de que lo sea, deve essere una actualidad sólo importante para un sector reducido del público (por ejemplo: los nuevos modelos de manguera).

c) Debe tratarse de algo simple y a la vez complejo (o, más bien, complicado, más bien); una cosa que a primera vista parezca imposible de dilucidar -como la prosa oscura y enrevesada de un “científico probable” descubierto por azar en las baldosas desencastradas de Palermo- que luego, y gracias a la insistencia desinteresada del redactor-rayo, devele claridad de comprensión, elocuencia que se cae de madura, despliegue fanático y puro, gracia última.

d) Tiene que ser de suma importancia: un tema que desemboque en una nota que valga la pena en el último minuto antes del fin del mundo.

c) Debería ser algo melalcohólica.

e) Tiene que ser pasible de leerse rápido – rápido pero mal.

f) y g) Tiene que tener sentido con otras notas-rayo – ¡eso! queride lectore, ¡eso! se llama coherencia, cohesión y coherencia, fluorecencia.

Así que, ya saben: la próxima vez que se les ocurra un tema de

¡Buenos días, mamá!

apariencia apetitosa, arrástrenlo por el tamiz de las premisas anteriores y sientan su rispidez. Si no funca, quiere decir que conviene más a los truenos… o a las centellas… en fin: fenómenos atmosféricos de bajo calibre y de escasa autoreferencialidad.

PUM: terminé.