En esta primera entrega de mis crónicas por NY, viaje que realicé en marzo de este año, les quería relatar una experiencia que lindó con lo mágico y me colmó de júbilo…
En la electrificante ciudad, donde los neones, los carteles luminosos y las titánicas pantallas full HD son columna obligatoria del paisaje; evidentemente se esperaba la llegada de un Rayo. No por otro cosa, en el Hard Rock Café de Times Square habían colgado el bajo-rayo del legendario John Entwistle (bajista de los Who).
Así, rodeados de reliquias del mundo del rock, tuvimos con mi familia una cena al mejor estilo “americano” o yankee. Hamburgers, ribs, refill de coca, etc. Nada muy llamativo hasta ese momento…
Pero atentos ahora, porque ya nos estábamos yendo del lugar cuando, de repente, una esplendorosa luminiscencia se abrió camino, directo a mis retinas y me dejó casi ciego… Pasaron unos largos segundos hasta que me recuperé de ese brutal golpe de luz.
Me animé finalmente a levantar la vista, con mucho cuidado, tratando de prevenir otro impacto cegador como aquel. Al tiempo se fue dibujando dificultosamente algo en mi campo visual renovado y creí estar viendo un rostro de mujer.
Alrededor de una mesa redonda, cerca de la entrada del afamado restaurant, se encontraba, cenando junto a otras personas, esta mujer, la definitiva culpable del episodio anterior.
Atraído, como por un imán de materia orgánica, me acerqué a la mesa. Mi súbita aparición los había sorprendido y me costó trabajo empezar a hablar. Entonces, con ociosa voluntad, improvisé un inglés maltrecho y poco entendible (los nervios me quemaban todo intento de lenguaje hablado). Aún así, pude transmitirle a esta mujer y sus comensales, que sin saber hasta entonces de ella, en un rincón bien apartado del planeta, un grupo de personas le había dedicado un espacio de literatura en la red.
Charlotte era su nombre, me dijo… y yo no quería molestarla, mucho menos interrumpir su cena, pero mi compromiso con Los Rayos es grande y me animé a pedirle una foto.
Como pueden ver, una realización excepcional. La bella Charlotte nos representa en el primer mundo con sus fulgurosos pendientes, los aros-rayo. Volví a Buenos Aires y no supe más de ella.
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Charlotte, aquella vez me dejaste herido con tu resplandor, tu calor y tu belleza. Hoy, después de tanto tiempo y con la autorización de los editores de esta revista, te dedico esta nota y agradezco que te hayas hecho realidad esa noche, con esos aritos, en ese espacio y en ese instante, como un verdadero rayo.
PUEDE SER EN INGLÉS POR FAVOR, ASÍ LO LEE CHARLOTTE?
PERO, CÓMO NO!
In this first installment of my articles about NY -the trip I made in March this year- I want to share an experience that bordered on the magical and filled me with great joy...
In the electrifying city where the neon lights, electric signs and titanic full HD displays are the mandatory hallmarks of the landscape, the actual arrival of a Ray was to be expected. Not by mere chance, on a wall of the Hard Rock Café in Times Square, there hung the Ray-bass of John Entwistle, the legendary bassist of The Who.
So, surrounded by relics of the rock world, my family and I decided to treat ourselves to an all-American style dinner: that is hamburgers, ribs, coke refill, etc. Nothing too flashy so far…
But wait, here’s the sweet part. As we were leaving the place, all of a sudden this magnificent luminescence blasted into my retinas leaving me almost blind … It took me a few long seconds to recover from that massive blow of light.
Eventually, I decided to look up, very carefully, trying to anticipate another one of those blinding shocks. It was then that with some difficulty, a shape started outlining against my refreshed field of view: it seemed to be the face of a woman.
Fact is, at a round table near the entrance of the famous restaurant, there was she… having dinner with some people… this woman: the definitive responsible for that episode.
Attracted, as by a magnet of organic matter, I approached the table. My sudden appearance had startled the group of diners leaving me a triffle dumbfounded. It was after mustering some hard-gained will-power that I managed to produce some shabby improvised lines in English (my nerves were undermining any attempt of oral production). All the same I could make them understand (this woman and her guests) that without knowing her until then, in a far away corner of the planet, a group of people had dedicated her a space in the net.
Charlotte was her name, that’s what she told me … and I did not want to disturb, let alone interrupt her dinner, but my commitment to The Rays is such, that I decided to ask her for a picture.
As you can see, this is an outstanding accomplishment. The beautiful Charlotte with her shiny earrings -the official Ray earrings- represents us in the first world. I returned to Buenos Aires and never heard of her again…
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Charlotte, that time you left me injured with your radiance, your warmth and your beauty. Today, after so long and with the permission of the publishers of this magazine, I dedicate this note to you and I appreciate your coming true that night, with those earrings, in that very place at that very time, like a real lightning.